Dulce

Dulce

1 de febrero de 2010

Tras esos azulados soles

Cerró sus azulados ojos,
saboreando por ultima vez,
ese ansiado suspiro,
por esa vida que tanto amó.

Su acento entremezclado,
hacia patente que se encontraba,
en un mundo que no era su mundo,
su debilidad, su infancia,
se hallaba en otros pastos,
lejanos como olvidados,
amados como odiados.

Esos verdes pastos,
de la Sierra de Granada,
fueron testigos inevitables,
de su particular cabriteo,
de su pronta madurez,
de su soledad perpetua.

Sin previo aviso,
alcanzó por montera,
al testigo elocuente,
de la Cueva del Párpallo,
dejando sus pastos amados.

Y en en esa expiración,
adornada de espinas,
cuando  un torrencial,
invade nuestros rostros,
recordando una vez más,
la marcha inequívoca,
de esos azulados ojos.