Dulce

Dulce

11 de junio de 2015

Sin sentido III

Apenas han pasado unas cuantas horas que dejé de escribir y tengo la imperiosa necesidad de divagar por un momento  en mi mente. Esa mente cerrada en banda ante hechos tan clarividentes como un buen día de sol.
No sé donde quedo aquella chiquilla despierta cuya risa aun llevándose palos seguía inerte en ese rostro. Quizá fueron las circunstancia de la prematura muerte de mi progenitor o en su defecto de la envidia genética de aquellos que anhelaban el moro y solo consiguieron un granito de arena, pero en su camino arrastraron mi fuerza y mis ganas de todo. O quizá fueron esas palabras hirientes acompañadas de hechos de ese individuo llamado hermano mayor, palabras  capaces de mortificar hasta el hielo de la Antártida. Dejé de hacer poesía pegadiza o ñoña porque a ojos de ese personaje eran tonterías, he dejado tantas cosas que no  sé ni por  donde empezar.

Solo sé que mi corazón hay lagrimas a diestro y siniestro.